Cartón de poesía Siglo XXI. N°8

Cartón 8

Poemas de Manuel Aldonate

Pinturas de Timoteo Eduardo Navarro. "Barrilete", 1956; "El regreso" 1964

Changuito. Del libro "Clima de miel", 1961

Menudo brazo, apenas florecimiento en puño,
barro en simiente para el gran ultraje.

Sueño apenas concebido y ya en camino
hacia el clima del hombre y del coraje.

Sobre la dura sal, sobre la arena de Santiago
un tierno piececito va dibujando el mapa del cansancio.

Changuito de algarroba, hijo del hambre,
en Tucumán te esperan los trapiches para moler tu sangre.

Olvídate pequeño campesino de tu solar nativo
porque no volverás a conducir tu ejército de chivos.

Cien metros tiene el surco, mil metros de trabajo,
tu muerte en Tucumán se llorará en Santiago.

Tú no tienes amigos ni tampoco parientes,
es tu hermano el burrito y el cuchillo tu solo confidente.

Tu nombre ha quedado allá lejos, más allá de la arena:
changuito eres en el cerco y también en la escuela.

Cuando a fuerza de brazo, de llanto, de pura cuchillada
crezcas, serás un hombre raro, casi cansancio... casi piedra.

Entre tus viejas cosas guardarás el cuchillo
para que no averigüen tus hijos el por qué de su filo


Faena. Del libro "Poemas del cañaveral", 1951

Bueyes que bostezan en el alba
como medio siglo de jornada,

Carretones que cruje en la huella
el antiguo dolor de su madera,

Hombres oscuros sobre la cruz del pértigo
masticando su pena bajo el viento,

Unos gritos de lija en el silencio,
aspereza de vocablos, y una luna de hielo...

Una mujer con hijo en las entrañas
desvelada en la niebla de la zafra,

Un muchacho de un metro de estatura
con un tierno bracito de bravura
guillotinando tallos en el cerco
- ogro terrible que develó su sueño -
es el duro paisaje que el trabajo
bosqueja en el silencio amarillo del campo


Pastor. Del libro "Breve antología y tres poemas", 1989

Una vocación antigua de majadas
y frutales cosechas por febrero
le llenaron de luz el cancionero
donde ardían sus últimas guitarras.

Y le convocaron con su piel de barro
los soles de naranja del verano
los pájaros, la luz y sus hermanos
los grillos violineros del ocaso.

Con su vieja vicuña hilada a mano
sobre el hombro dormida como un niño
y el sol arrodillado a sus espaldas,

el pastor ensayaba por su flauta
un aire melodiosos de vidalas
donde su abuelo azul resucitaba

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